LA CALIZA Y CAL DE CÁCERES

LA CALIZA Y CAL DE CÁCERES

Hoy queremos que conozcáis un elemento geológico que ha estado presente por toda la ciudad y que ha determinado que Cáceres esté en este lugar: la caliza y la cal.

La caliza es una roca sedimentaria compuesta en su mayoría por Carbonato de Calcio (CaCO3), Calcita y Aragonita.  Su versión más pura es de color blanco, pero mezclada con arcilla, hematita, óxido de hierro y cuarzo, adquiere tonalidades diferentes llegando a ser de color marfil, marrón o incluso gris azulado. Se trata de una roca es soluble en agua de lluvia (a este proceso se le conoce como como meteorización kárstica), pero si se somete a altas temperaturas, da origen a la cal o al óxido de calcio impuro (CaO). Este proceso ha determinado la vida en Cáceres desde los primeros pobladores (como os contamos en estos otros posts sobre la Cueva de Maltravieso y La Geología del Calerizo) debido a que estamos asentados sobre el Calerizo.

Por ello, en Cáceres hay una larga tradición y han sido muy importantes con el uso de este mineral: se ha usado para las fachadas de edificios como mortero, argamasa, aglutinante e incluso sillar de mampostería. También era usada como desinfectante, material de construcción e incluso era requerida por ganaderos, enfermos y constructores. De esta manera, los empresarios cacereños aprovecharon la demanda y articularon un sector que ha llegado incluso a tener el nombre de una de las calles más famosas de Cáceres: la calle Caleros.

Los hornos de cal se contaban por decenas y estaban distribuidos estratégicamente cerca de las canteras y zonas con caliza. En la actualidad, podemos encontrar todavía algunos que han sido protegidos como, por ejemplo, el que está al lado de la estación de autobuses de Cáceres y que podéis ver en las imágenes.

Un horno de cal tradicional realmente es un pozo cilíndrico cuyas paredes estaban recubiertas de arcilla para evitar la dispersión del calor y se crear una especie de olla a presión. Tenían una repisa para colocar las piedras y una boca en su inferior para alimentar el fuego.

Gracias a las calizas cacereñas, se llegó a abrir más de 30 canteras en la ciudad, que en la actualidad la mayor parte están abandonadas o se han construido sobre ellas, por lo que han desaparecido bajo los barrios como Aldea Moret, Moctezuma o La Hispanidad.

En cada uno de ellos podían trabajar al menos seis obreros de manera fija más los eventuales que, además, algunos también trabajaban en las Minas de Aldea Moret de madrugada y sin descanso.

Al principio, las piedras se cargaban en burros desde las canteras cercanas y, de tantas veces que recorrían el mismo camino hasta los hornos y por la formación de una vereda de animales, eran capaces de transportar las calizas sin necesidad de ser guiados.

Cuando se terminaba la cocción, la cal era transportada en carros o camiones y se llevaba a la estación de tren para para embarcarla en las plateas (vagones sin techo ni laterales) para enviarlas a su destino.

En la actualidad, tan solo dos canteras de calizas singuen en activo en Cáceres (dos se dedican a extraer áridos de grava y zahorras, y la otra elabora cal blanca y morena).

En definitiva, para continuar conociendo Cáceres es importante saber qué supone la piedra caliza y los hornos de cal para la ciudad. Gracias a este tipo de roca, se formó una industria a su alrededor que promovió que muchos cacereños y cacereñas tuvieran empleo, por lo que, de nuevo, la geología ha promovido y determinado el crecimiento socioeconómico de Cáceres.

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